En el mundo del espíritu no hay fronteras, la ausencia de fronteras es lo propiamente espiritual. Un místico de hoy puede sentir a un místico de cualquier pasado como a un verdadero hermano. A esta conclusión tan sencilla como universal llega el autor en su versión de El peregrino ruso, un clásico de la literatura devocional, así como en las principales enseñanzas de cara al autoconocimiento que extrae de su estudio.